Un niño puede participar, compartir atención y disfrutar de una actividad sin necesidad de mantener contacto visual. En este artículo, veremos cómo ampliar el juego compartido respetando distintas formas de comunicación y participación, con apoyo de Jugar con Propósito: Apoyando a Niños con Autismo Buy Now
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El contacto visual no es una medida fiable de interés, comprensión, respeto o conexión. Algunos niños evitan mirar directamente los rostros por incomodidad sensorial, diferencias en la atención, expectativas culturales o preferencia personal. Un niño puede estar plenamente involucrado mientras observa un juguete, escucha, se mueve junto a un compañero o se comunica mediante gestos, palabras, un tablero de imágenes o un dispositivo de comunicación aumentativa y alternativa.
Cuando los adultos convierten el contacto visual en una condición para iniciar o continuar el juego, el niño quizá tenga que dividir su atención entre manejar esa exigencia y disfrutar la actividad. La meta no es que el niño parezca sociable de una manera definida por los adultos. Es crear oportunidades para elegir, corresponder y pertenecer, respetando la comunicación y los límites de cada niño.
El juego compartido puede comenzar en silencio: dos niños construyen torres separadas cerca uno del otro, imitan sus acciones o se turnan para añadir piezas a una estructura común. Como explica el artículo de ChildCareEd sobre el paso del juego paralelo al cooperativo, el juego paralelo y el asociativo pueden abrir oportunidades valiosas para conectar, sin ser problemas que los adultos deban corregir. Observe la participación, no solo hacia dónde se dirige el rostro.
Comience observando qué disfruta el niño y cómo se comunica. Un interés sostenido en vehículos, agua, letras, música u ordenar objetos puede servir de puente natural hacia una actividad compartida. Únase sin tomar el control: siéntese cerca, imite una acción o añada un material relacionado; luego haga una pausa. Así el niño tiene tiempo para notar, responder o decidir que no quiere continuar.
La invitación debe ser concreta y sin presión. En vez de pedirle al niño que “vaya a jugar con todos”, pruebe: “Voy a poner una vía larga junto a tu tren” o “¿Quieres que añada un bloque?”. Ofrezca una elección real, incluida la opción de seguir jugando a solas. Si acepta, siga su iniciativa y contribuya de manera moderada para que su idea siga siendo central.
Los intereses permiten apoyar el juego recíproco sin exigir conversación ni contacto visual. Por ejemplo, un niño puede elegir los vagones y otro unir las vías, y ambos pueden observar cómo avanzan los trenes. O dos niños pueden hacer música uno al lado del otro y turnarse para elegir un instrumento. El juego es compartido porque sus acciones y su atención se coordinan en torno a una actividad agradable, no porque los niños representen una conducta social prescrita.
Estas respuestas sensibles fomentan la #conexión y protegen la capacidad de decidir. Cuando la actividad es cómoda y predecible, el niño podría elegir con el tiempo añadir un turno, gesto, sonido o idea compartida.
La comunicación durante el juego va más allá del lenguaje hablado. Los niños pueden expresar interés, pedir algo, tomar un turno o establecer un límite mediante el habla, señas, gestos, señalar, expresiones faciales, movimientos, imágenes o un dispositivo de comunicación. Los proveedores pueden reconocer y responder a estas formas sin insistir en una frase, volumen o patrón de mirada determinados.
Use lenguaje breve y concreto, y permita tiempo para procesar. Narre lo que sucede sin hacer preguntas como examen: “Hiciste rodar el auto azul. Ahora haré rodar el mío”. Luego espere. La pausa no es una prueba ni una exigencia de respuesta; le permite al niño decidir si quiere contribuir y cómo. Los apoyos visuales, como una tarjeta de “mi turno/tu turno”, un tablero de opciones o una secuencia sencilla, pueden facilitar la anticipación del juego.
Deje las herramientas de comunicación al alcance y asegúrese de que los adultos y compañeros sepan respetarlas. Si un niño señala “alto”, se aleja o usa un dispositivo para pedir un descanso, reconozca que se está comunicando. Respetar “no”, “terminé” o “necesito espacio” enseña que el juego compartido incluye límites. Como explica el recurso de ChildCareEd sobre comunicación temprana, la comunicación comienza antes de las palabras habladas e incluye gestos y otras señales no verbales.
La #comunicación accesible permite que los niños influyan en el juego y no se limiten a seguir instrucciones adultas.
¿Cómo pueden el entorno y el apoyo adulto facilitar el juego?Organice el juego para que los niños puedan estar cerca unos de otros sin sentirse apretados ni tener que interactuar continuamente. Ofrezca caminos despejados, grupos manejables, rutinas predecibles y una opción más tranquila para descansar. Cuando sea posible, reduzca el ruido que compite por la atención. Organice los materiales populares de modo que los niños puedan jugar uno al lado del otro e incluya recursos compartidos que inviten a colaborar sin obligar a hacerlo, como una hoja grande de papel, un tubo largo de cartón o una estructura de bloques.
Los adultos pueden ofrecer un andamiaje con una sugerencia breve y opcional, y después dar un paso atrás. Por ejemplo: “Los dos tienen animales. Puse aquí un establo grande por si quieren usarlo”. Evite asignar roles fijos o dirigir cada turno; los niños necesitan espacio para desarrollar sus propias ideas de juego. Si surge un conflicto, primero proteja la seguridad, describa el problema con neutralidad y ofrezca opciones sencillas, como turnarse, buscar otro material o seguir jugando uno al lado del otro.
Considere las necesidades sensoriales y de acceso desde la planificación, no como algo que se añade al final. Un niño podría participar con más comodidad desde cierto asiento, con un objeto familiar o en un grupo de dos en vez de seis. Los apoyos individualizados pueden basarse en el conocimiento de la familia y, cuando corresponda, en la colaboración con especialistas. Consulte las estrategias de ChildCareEd para aulas inclusivas para obtener más ideas sobre rutinas predecibles, apoyos para la comunicación y entornos que consideran las necesidades sensoriales.
El diseño intencional del #entorno hace que el juego compartido sea más accesible para todo el grupo.
Defina el progreso mediante señales observables y centradas en el niño, no mediante el contacto visual, la duración de la conversación o una idea fija de amistad. El niño puede elegir permanecer cerca de un compañero, imitar una acción, contribuir, iniciar un turno, comunicar “alto” o volver después de tomar un descanso. Son avances significativos cuando ocurren con comodidad y libertad de elección.
Las notas breves pueden ayudar al equipo a identificar qué facilita las experiencias positivas. Registre la actividad, quiénes estaban presentes, qué opciones de comunicación había, cuánto tiempo eligió participar el niño y qué ocurrió antes de terminar el juego. Busque patrones en vez de etiquetar al niño como tímido, antisocial o poco dispuesto. Comparta las observaciones con respeto con las familias y considere sus conocimientos sobre intereses, preferencias sensoriales y comunicación en casa.
Entre los errores comunes están pedir contacto visual, insistir en que el niño se una a un grupo, retirar una estrategia de autorregulación o medir el éxito según cuánto imita a sus compañeros. En su lugar, ajuste una exigencia a la vez: acorte la actividad, reduzca el tamaño del grupo, cambie los materiales o haga más accesibles los apoyos de comunicación. Si las inquietudes persisten en distintos entornos, converse sobre sus observaciones con la familia y siga los procedimientos adecuados del programa. Los requisitos estatales varían: consulte a la agencia de licencias de su estado.
Los proveedores pueden ampliar el juego compartido partiendo de los intereses de los niños, ofreciendo formas accesibles de comunicación, diseñando entornos cómodos y haciendo invitaciones pequeñas en lugar de imponer exigencias sociales. El contacto visual no es un requisito para conectar. Un niño puede compartir la atención mediante una acción, un sonido, un gesto, la proximidad o una rutina que ambos disfrutan.
Observe y valore la participación en los términos del niño: intercambiar un bloque, imitar un movimiento, comunicar un límite o elegir un momento junto a un compañero. Cuando los adultos respetan la autonomía y hacen que el juego sea acogedor, los niños cuentan con más formas de conectar y mayor control sobre cómo se desarrolla esa conexión. Para conocer más estrategias basadas en el juego, explore Play with Purpose: Supporting Children with Autism Buy Now
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