No todos los niños necesitan el mismo nivel de apoyo para participar con éxito en una actividad. En este artículo, veremos cómo ajustar la cantidad de opciones, el modelado o la forma de responder sin cambiar el objetivo del juego, con apoyo de Jugar, Aprender, Crecer: Versión en Línea Buy Now $16.00 y el recurso Empareja las Sandalias Buy Now $0.99.
Un juego de parejas puede parecer sencillo: mirar dos tarjetas, recordar dónde estaban y encontrar las imágenes que coinciden. En la práctica, puede exigir que los niños manejen varias demandas a la vez: explorar visualmente, recordar, comprender reglas, esperar turno, manipular tarjetas, comunicar elecciones y manejar una respuesta que no coincide. Si alguna de estas demandas se convierte en una barrera, el niño puede parecer desinteresado o frustrado, aunque tenga curiosidad y capacidad.
Adaptar el juego no significa reducir las expectativas ni separar al niño de sus compañeros. Significa conservar un objetivo de aprendizaje significativo mientras se cambia la forma en que los niños acceden a él o demuestran lo que saben. Un niño puede nombrar una pareja, otro puede señalarla y otro puede usar un tablero de imágenes o la mirada. Cada respuesta puede mostrar reconocimiento.
Los juegos de parejas ofrecen oportunidades para practicar la comparación visual, la memoria, el vocabulario inicial y la interacción social. También pueden crear un momento compartido y agradable: los niños observan, piensan, prueban y celebran juntos. Como explica el artículo de ChildCareEd sobre cómo los juegos de memoria y de parejas apoyan la discriminación visual, los educadores pueden aprovechar intencionalmente estas experiencias lúdicas para desarrollar la discriminación visual y habilidades relacionadas.
Comience por las fortalezas del niño y el propósito del juego. ¿La meta es comparar imágenes, recordar dónde está una tarjeta, practicar los turnos o describir una característica? Un objetivo claro ayuda a elegir una adaptación útil, en lugar de cambiar todo de una vez.
Observe una ronda breve antes de decidir qué ajustar. Fíjese en cuándo participa el niño, cuándo se vuelve difícil la actividad y qué parece ayudar. Registre observaciones concretas, sin suposiciones: “Miró las tarjetas y señaló una pareja después de que reduje las opciones” es más útil que “no puede jugar a la memoria”.
Considere las distintas demandas de la actividad:
Observe sin convertir el juego en una prueba. El niño puede participar con mayor facilidad en una ronda breve e individual o cuando se suma un compañero conocido. Pregunte a la familia qué juegos y apoyos disfruta el niño en casa, y consulte a los especialistas pertinentes o al equipo del IFSP/IEP cuando corresponda. Sus conocimientos pueden ayudarle a adaptar la actividad respetando las preferencias y los apoyos actuales del niño.
🧩 Después del juego, intente documentar un solo detalle: qué hizo el niño, qué apoyo recibió y qué podría probar a continuación. Así la planificación sigue siendo manejable y responde a sus necesidades.
¿Cómo ajustar las tarjetas, el espacio y las reglas?Los cambios pequeños y específicos suelen hacer que un juego de parejas sea más accesible. Comience con uno o dos ajustes y observe si mejoran la participación sin eliminar el propósito del juego.
Mantenga la idea principal, pero varíe el acceso. Un niño que está desarrollando la motricidad fina puede indicar una tarjeta en vez de levantarla. Un niño que se beneficia de una estructura visual puede usar una tarjeta que indique “mi turno/tu turno”. Un niño que necesita más tiempo para procesar puede hacer una pausa más larga antes del siguiente turno.
Para los niños muy pequeños, una alternativa práctica consiste en emparejar objetos reales, como animales de juguete o calcetines. Los ejemplos de El juego de las parejas muestran cómo los objetos cotidianos también pueden invitar a clasificar y explorar la motricidad fina. Elija materiales seguros y apropiados para la edad y supervise de cerca los objetos pequeños.
Permita que los niños participen sin exigir una forma particular de hablar, moverse o responder con rapidez. Modele un turno con una frase breve y tranquila: “Elijo una. Miro. Ahora elijo otra”. Acompañe las palabras con gestos o imágenes y espere lo suficiente para que el niño procese y responda.
Ofrezca más de una manera de elegir o mostrar que encontró una pareja. El niño puede señalar, tocar, mirar hacia una tarjeta, entregar un símbolo, decir una palabra, usar señas o activar un dispositivo de comunicación. Aceptar estas respuestas reconoce que la comunicación es más amplia que el lenguaje oral. Si el niño usa un sistema de comunicación aumentativa y alternativa (CAA), manténgalo disponible durante el juego y siga las recomendaciones de la familia y los especialistas.
Apoye la atención y la regulación emocional con rondas breves y predecibles. Un comienzo y un final claros, una señal visual para los turnos y una pausa breve para moverse pueden ayudar a algunos niños a mantenerse involucrados. No exija que permanezcan sentados o mantengan contacto visual para demostrar que prestan atención; fíjese en si pueden acceder al juego y participar de forma significativa.
Use comentarios específicos que reconozcan las estrategias y el esfuerzo:
Mantenga la actividad agradable, en lugar de corregir cada movimiento. Si aumenta la frustración, reduzca la cantidad de tarjetas, proponga un turno cooperativo o hagan una pausa y regresen más tarde. La comodidad y el sentido de pertenencia del niño importan tanto como completar el juego.
Cuando el niño se sienta cómodo, aumente la complejidad de un elemento a la vez. Por ejemplo, agregue una pareja, use imágenes similares pero no idénticas o invite a emparejar objetos por una característica, como la forma o el patrón. Si el cambio provoca respuestas al azar, retraimiento o más frustración, vuelva al paso anterior y considere qué demanda se volvió demasiado difícil.
Algunas progresiones posibles:
Observe cómo se manifiesta el aprendizaje en este niño. Puede comparar detalles visuales, recordar la ubicación de una tarjeta, iniciar un turno, usar una palabra o un símbolo nuevo, o mantenerse involucrado un poco más. Estas observaciones ayudan a elegir el siguiente paso; no constituyen un diagnóstico ni una evaluación completa del desarrollo.
Mantenga la documentación breve: anote la fecha, el objetivo, la adaptación, la respuesta del niño y un posible ajuste siguiente. Comparta con las familias las fortalezas y observaciones de manera respetuosa y proteja la privacidad del niño. Si las inquietudes continúan, converse con la familia sobre lo observado y siga los procedimientos de derivación y colaboración de su programa. Los requisitos estatales varían: consulte a la agencia de licencias de su estado.
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Incluso un juego conocido puede volverse estresante si el adulto se enfoca solo en terminar, seguir una regla rígida o igualar la rapidez de los compañeros. La meta es lograr una participación y un aprendizaje significativos, no demostrar que todos los niños pueden jugar exactamente de la misma manera.
Un hábito útil para el equipo es acordar una meta compartida y un plan de apoyo sencillo. Por ejemplo: “Practicaremos reconocer imágenes iguales. Ofrezcan tres parejas, permitan señalar y den tiempo adicional para responder”. La consistencia entre adultos puede hacer que el juego sea más fácil de comprender, sin dejar de responder a las necesidades del niño en el momento.
Los directores pueden facilitar las prácticas inclusivas reuniendo tarjetas accesibles, bases antideslizantes, señales visuales para los turnos y un registro de adaptaciones de una página. En equipo, reflexionen sobre lo que disfrutaron los niños y sobre qué apoyos facilitaron su participación.
Adapte el juego de parejas identificando el objetivo de aprendizaje, observando la experiencia del niño y ajustando los materiales, el espacio, las reglas, las opciones de comunicación o el ritmo. Empiece con pocas tarjetas claras y accesibles, modele los pasos y acepte distintas formas de elegir y responder. Aumente el desafío gradualmente y deje que las observaciones, no las suposiciones, guíen el siguiente cambio.
La pregunta central no es si todos los niños pueden jugar con reglas idénticas. Es cómo ofrecer a cada niño una forma significativa de observar, recordar, comunicar y relacionarse con sus compañeros. Con algunos ajustes intencionales, un sencillo juego de parejas puede convertirse en una experiencia inclusiva que fomente el aprendizaje y la pertenencia.